No todos los años son de ganancias, y la ley fiscal lo entiende. Si tu empresa generó una pérdida fiscal en ejercicios anteriores, no tienes por qué olvidarla. Esa pérdida es, en efecto, un activo fiscal que puedes utilizar para disminuir la utilidad de años futuros y, por ende, reducir tu pago de ISR. Este proceso se conoce como "amortización de pérdidas fiscales".
Una pérdida fiscal ocurre cuando tus deducciones autorizadas en un año fueron mayores que tus ingresos acumulables. Esta pérdida, una vez determinada en tu declaración anual, tienes el derecho de amortizarla (restarla) contra la utilidad fiscal que generes en los siguientes diez ejercicios, hasta que se agote.
El procedimiento se realiza en los pagos provisionales y en la declaración anual. Cada mes, al determinar tu utilidad fiscal para el pago provisional, puedes restarle la porción de las pérdidas fiscales de años anteriores que aún no hayas amortizado. Esto reduce tu base gravable y, consecuentemente, tu pago de ISR del mes.
Es fundamental llevar un control impecable de tus pérdidas fiscales. Debes tener a la mano la declaración anual donde se originó la pérdida y un papel de trabajo que muestre cómo la has ido aplicando mes a mes y año con año. El derecho a amortizar una pérdida se pierde si no lo haces en el ejercicio en que pudiste haberlo hecho. Es un beneficio valioso que requiere orden y planeación.